Mitsubishi es una empresa automotriz con un largo historial en el mercado de las camionetas SUV. De hecho, hasta califica para ser catalogada como una de las pioneras del género, pues desde la década de los ochenta, cuando el término “SUV” ni siquiera había sido acuñado, Mitsubishi ya contaba con la Montero. Cierto, era una Montero sumamente cruda y de sólo dos puertas, pero junto a la Isuzu Trooper, la Jeep Cherokee y la Ford Explorer que saldría un poco después, fue de los primeros ejemplares de la gran marejada de vehículos deportivos utilitarios que acogería la nación a partir de la siguiente década.
A finales de los años noventa Mitsubishi comenzó su diversificación en el campo de las SUV con la introducción de la mediana Montero Sport y la completó en el 2003 con la compacta Outlander.
Ahora en su segunda generación, la Outlander del 2008 es un vehículo que ha crecido en varios aspectos: tamaño, potencia, refinamiento y capacidad de ocupantes.
El aumento en tamaño se percibe a primera vista. En comparación con el modelo original, es una Outlander bastante más larga. Esa longitud adicional se traduce, por supuesto, en una cabina más amplia, espacio que Mitsubishi supo utilizar muy bien ya que en el área de carga puso una tercera fila de asientos opcional con la que eleva el total de ocupantes a siete. Esto, en una camioneta aunque más grande, todavía pertenece al segmento de las crossovers compactas.
Tan pronto recibí la Outlander, un modelo XLS, lo primero que hice fue precisamente entretenerme con la tercera fila de asientos. Me resultó curioso su diseño tan poco usual. Tiene unas largas cabeceras que se parecen a la paleta de un remo, pero con un hueco redondo en el medio. Como son tan largas y sobresalen tanto del asiento, en conjunto se asemejan a los ojos de un cangrejo. Encontré bien graciosa su apariencia.
Aun con el tercer asiento puesto, queda un espacio razonable para carga. Si se remueve, sobra espacio para llevar objetos grandes. Debo aclarar que esta tercera fila no se remueve del vehículo como tal, sino que se puede doblar en varios pliegos hasta que queda semioculta en el piso. Con practicarlo un poco, se torna bien sencilla la operación, pero hay que practicarlo porque al principio el procedimiento resulta confuso.
Ahora bien, que estemos hablando de una tercera fila de asientos con espacio para dos personas más no significa que éstas puedan ir a sus anchas. Se trata de un asiento bien básico. Aun mis hijos, que tienen una fijación con los asientos de tercera fila de todo vehículo que pruebo, los encontraron incómodos. El espacio para las piernas es muy reducido y el asiento queda muy cercano al piso. Ayuda un poco el que la segunda fila se pueda deslizar hacia el frente para dar más espacio para las piernas a los que van atrás, pero no es mucho. Además, el asiento de por sí no es maravillosamente confortable y el acceso es muy incómodo. Por eso no veo esa tercera fila para uso diario sino para resolver situaciones en las que haya que llevar más gente y, por supuesto, en viajes cortos. También se pueden usar para llevar a los suegros que insisten en invitarse a sí mismos en cada salida familiar. Luego de un paseo bien largo en esa fila trasera, optarán por quedarse en su casa.
El diseño del resto de la cabina es muy atractivo. De hecho, mucho más que el de la primera generación. Es aquí donde entra la nueva ambientación sofisticada de la Outlander. Esto no se debe únicamente a los asientos de piel de nuestra XLS, sino también a la apariencia en general y el uso de buenos materiales. Tiene mejores plásticos.
Hacia todos los ángulos la visibilidad es adecuada, aunque cuando están puestos, los espaldares de la tercera fila obstruyen parte de la visión posterior. Al mirar por el espejo retrovisor, ahí está el cangrejo mirándolo a uno. Y si lleva gente en ellos, menos podrá ver.
La Outlander resultó ser bien entretenida de manejar. La diversión la proveen los estupendos 220 caballos de fuerza de su motor V6 de 3.0-litros (el primer V6 en la Outlander). Aportando al entretenimiento de manejarla está la transmisión automática de seis velocidades con sistema Sportronic, que permite cambios manuales.
La combinación del V6 con esta caja es exclusiva de los modelos LS y XLS. Hay otro conjunto, compuesto de un cuatro cilindros de 2.4-litros y caballaje 168 con transmisión de variable continua, que está disponible en las Outlanders SE y ES. Los cuatro modelos ofrecen tracción en las cuatro ruedas o sólo en las delanteras.
El consumo de combustible es de 20 millas por galón (MPG) en la ciudad y de 25 en la carretera para los modelos de cuatro cilindros. En la carretera, el V6 tiene el mismo rendimiento que el cuatro cilindros, mientras que en la ciudad tiende a consumir más con 17 MPG.
La XLS tiene un equipo de sonido Rockford Fosgate de 650 watts, ocho bocinas y un subwoofer de 10 pulgadas que queda instalado al lado del cangrejo, digo, del tercer asiento.
Otros detalles agradables en nuestra XLS fueron los rines de 18 pulgadas, la conexión para iPods y el sistema Bluetooth.
Los precios de la línea Outlander comienzan en $19,685 por una ES de tracción delantera y corren hasta los $24,905 de la XLS con all wheel drive. La XLS de tracción trasera que probamos está para $23,545.








