El Día de Acción de Gracias es el día asignado por el gobierno de los Estados Unidos para recordarnos que debemos dar gracias. Esta tradición norteamericana se remonta a los tiempos de la colonización, conmemora el día en que los "nativos" o indios como los llamaron los colonizadores invitaron a los recién llegados a partir pan, a compartir la cena.
Algunos de ustedes dirán "¿Cómo podemos dar gracias en este año de dificultades económicas, guerras, alza en los crímenes violentos, problemas, problemas? Los optimistas vemos el "vaso medio lleno en vez de medio vacío". "¡Lo mejor que Dios ha hecho es un día detrás de otro!" era el refrán que repetía mi abuela continuamente en las buenas y las malas. Este año yo doy gracias porque vivo en un país democrático que ha mostrado en el pasado la habilidad de levantarse, evaluarse, sacudirse y tratar nuevas estrategias para superarse.
Sí, ya sé que nuestras creencias religiosas y nuestras tradiciones culturales nos dicen que debemos dar gracias todos los días. Yo cumplo con dar gracias todos los días, a veces cada hora del día. Pero este es el día en el cual se nos da permiso, que nos recuerda la importancia de ser agradecidos con Dios, con las personas que forman parte de nuestra vida. Dar gracias no tiene nada que ver con el consabido pavo, ni con la Parada de Macy’s, ni con los juegos de fútbol norteamericano. Tiene que ver con tomar tiempo para mirar a nuestro alrededor, con evaluar nuestras vidas y dar gracias por las bendiciones.







