Estados Unidos tiene que dejar atrás sus impulsos y prejuicios antiinmigrantes para que el bloque comercial que forma con México y Canadá pueda desarrollar todo su potencial, se afirmó durante una de las sesiones dedicadas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) en la Convención Global del Instituto Milken.
"El país tiene que superar esas posturas mentalmente; necesitamos un mercado laboral integrado", expresó Gary Hufbauer, un analista del Instituto Peterson de Economía Internacional y experto en el TLC.
"A nosotros nos vendría bien tener centenares de miles de trabajadores mexicanos, inclusive personas con altas calificaciones", aseguró por su parte Thomas D’Aquino, presidente ejecutivo del Consejo Canadiense de Directores Ejecutivos, una organización que reúne el liderazgo de 150 de las empresas más importantes de ese país.
En términos parecidos se expresó Thomas Donohue, presidente y director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, cuya organización ha cabildeado porque se reforme el régimen actual de inmigración y se regularice a los trabajadores sin papeles.
"No cuesta darse cuenta de las cosas: tenemos 12.5 millones de indocumentados, hay 77 millones de estadounidenses que están listos para pasar a retiro; no hay que pensar mucho para saber en qué dirección vamos", expresó.
"Lo que yo pienso es que, independientemente de quién resulte ganador en las elecciones de noviembre, vamos a tener una reforma de inmigración integral", declaró Thomas McLarty III, presidente de McLarty Associates y ex jefe del gabinete de la Casa Blanca.
Los panelistas coincidieron en que así como el tratado está permitiendo aceleradamente la libre circulación de mercaderías en la región, deberá dar paso eventualmente al intercambio sin restricciones de sus mercados laborales. Y aún más.
Luis de la Calle, quien participó en la negociación de varios tratados bilaterales durante las administraciones mexicanas de Ernesto Zedillo y Vicente Fox, dijo que hay 1.2 millones de estadounidenses residiendo en México. Una buena porción de los baby boomers (los estadounidenses nacidos en los años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial) optaron por afincarse en México en el futuro, y entonces el debate sobre los inmigrantes en Norteamérica se va a poner de cabeza.
"Podemos y deberíamos empezar ya a capacitar enfermeras, médicos, veterinarios, doctores, hasta controladores de tráfico para lo que se viene", señaló. México, agregó, podía incluso ser la solución al problema de los altos costos de la medicina en Estados Unidos.
Los analistas también expresaron su convencimiento de que, independientemente de quién resulte elegido presidente este año, el rumbo fijado con la aprobación del TLC no variará.
Donohue afirmó que tanto Hillary como Obama están siguiendo el juego político cuando critican el TLC y prometen meterlo en cintura, pero a la larga, dijo, no le cabía ninguna duda de que —en caso de ganar la elección— seguirán el ejemplo de Bill Clinton, que cuando dirigió el país sabía cuándo dejar el juego político de lado y ponerse serio.
"Los sindicatos están tirando un montón de dinero para revertirnos al pasado, pero aun en el caso de que un demócrata llegue a la Casa Blanca, van a estar muy decepcionados", dijo.
D’Aquino reafirmó que Canadá es el bastión más fuerte que tiene el tratado.
"Mi país no quiere reabrir el tratado, estamos convencidos de que es lo mejor para Canadá", expresó.
Hufbauer dijo que el valor del TLC trasciende el comercio regional. No sólo puede catapultar a los tres países firmantes hacia el resto del hemisferio, sino además actuar como bloque para encarar a poderosas competencias emergentes, como China.
Pero el tratado, advirtió también, es como una bicicleta. "No podemos dejarlo desatendido. Hay que cuidarlo".








