Sin tetas no hay paraíso reza el título de la novela de Gustavo Bolívar que vio la luz durante el año 2005; pero de entonces para acá, el autor colombiano se ha visto inmerso en una vorágine que seguramente sería el paraíso de más de algún escritor: cerca de 250 mil ejemplares vendidos, recorridos por su país dictando conferencias, una serie de televisión realizada en Colombia y otra en producción en Estados Unidos.
La trama gira en torno a Catalina, una jovencita de 14 años que, viviendo en un barrio pobre de Colombia, aspira a realizarse una operación para agrandarse los senos y así obtener dinero y comodidades a través de sus relaciones con hombres poderosos, tal como lo hacen sus amigas. La historia, narrada de manera cruda y en un lenguaje sencillo, generó polémica, trajo elogios al autor dentro del país, y cruzó las fronteras.
"Al inicio no sabía identificar los porqués", dice el autor sobre su sorpresivo éxito, primero con el libro y más tarde con la serie de Canal Caracol que dio de qué hablar a todo Colombia. "La conclusión es que a pesar de que la historia es local, hay patrones universales, como la carrera desenfrenada de la mujer por conquistar el mundo en base a su apariencia, o la búsqueda del dinero fácil; esto hace que cualquier persona en cualquier lugar del mundo se sienta identificada con la historia", explica.
Gustavo Bolívar nació en Colombia en 1966, en el seno de una familia de siete hijos. Su contacto con un ex ministro de Justicia colombiano hizo que se interesara por la política y los problemas sociales, y que trabajara durante ocho años en el Concejo de Bogotá.
Producto de su contacto con este entorno, Bolívar publicó tres libros de corte político con una preferencia por la escritura ligera, de fácil comprensión para cualquier persona, al tiempo que producía cientos de guiones para televisión. Y un buen día, a partir de una experiencia de la vida real, empezó a concebir la historia de Catalina
"Algunos personajes son inventados, pero la mayoría son reales. Catalina y Yésica se cruzaron por mi vida y, a partir de lo que me cuentan, construyo su universo: las amigas, la madre, el hermano", relata el autor, quien originalmente pensó en que la historia sería convertida en un guión para cine o televisión.
"Armé los personajes en su universo y, aunque fueron totalmente investigados, el libro no tiene mucha ficción; desafortunadamente en Colombia es común que las niñas de los colegios salgan a buscarse así la vida en ciudades pobres en donde hay influencia de los narcotraficantes", explica.
Esta realidad contrasta con el estilo literario con el que tradicionalmente se identifica a Colombia, sembrado durante la época del realismo mágico de Gabriel García Márquez; esa en la que cualquier historia cotidiana estaba cargada de idealismo y fantasía.
"Un periodista español me dijo en una ocasión que lo mío era ‘realismo trágico’, por la crudeza de las historias", dice Bolívar. "Yo no creo que haya una evolución en la escritura colombiana, sino más bien en la temática, la evolución que los tiempos le van imprimiendo a los escritos".
"Colombia es muy prolífica en historias, pero desafortunadamente muchas de ellas son trágicas; en los últimos años hemos visto una gran violencia de muchos actores", agrega. "Han salido muchos libros, hay muchas historias por contar: los narcos, los paramilitares, la corrupción política. Uno puede imaginar historias de amor como la de María, de Jorge Isaacs, pero nosotros no las hemos vivido".
Sin embargo, el trabajo de Bolívar no se queda sólo en el papel. Escrita en un lenguaje coloquial, casi didáctico, la intención de su novela, asegura, es exponer una realidad que atrapa a las jovencitas; en Colombia, las relaciones sexuales con chicas que apenas han rebasado los 14 años no se consideran pederastia si son realizadas con consentimiento de la joven.
"Cuando conocí a Yésica y Catalina, mi propia hija tenía 14 años. Decidí que las niñas tenían que conocer esta historia y saber que existen otras opciones: que sin tetas sí hay paraíso. Tuve que pensar en cómo hablarles para que lo entendieran", relata. Entonces Bolívar involucró a su propia hija en la revisión del libro para lograr que el texto fuera comprensible para otras niñas.
Tal vez por esa razón, el mensaje en la novela llega a ser reiterativo. Una y otra vez, el autor plantea situaciones más o menos similares que se desarrollan en distintos momentos de la obra, pero que llevan a la misma conclusión: para quien busca el camino fácil, siempre llegará un momento en que las cosas se tornen difíciles.
"Lo empezaron a pedir en los colegios", comenta. "Hay chicas que, por fin, leyeron un libro completo por primera vez. Este tipo de lenguaje inicia a mucha gente en la literatura y en los libros; hemos vendido 100 mil ejemplares, y yo te aseguro que, de esos, al menos la mitad fueron leídos por gente que nunca había leído un libro. Sé que cuando vayan leyendo más, irán variando sus gustos; pero por ahora ya empezaron".
Aunque ya dio el salto al ámbito literario, en el cual pretende consolidarse con su más reciente novela, El suicidario del Monte Venir, Bolívar continúa escribiendo guiones; a la fecha, los de la serie Sin senos no hay paraíso, que se transmite actualmente en Estados Unidos por la cadena Telemundo.
Y aunque su obra no tiene los finales felices de las películas de Hollywood, es ahí, en la Meca del Cine, donde se ve a sí mismo dentro de 10 años.
"Viviendo mis propias historias, escribiendo obras literarias mucho más elaboradas, en español", señala.
Una buena versión de su propio paraíso.









