LAWNDALE.— "No me duele nada", comenta con orgullo Secundina Guzmán, quien celebró ayer junto a familiares comiendo tacos de carne asada, 104 años de edad.
La anciana no padece de ninguna enfermedad y caminaba bien hasta hace un año, cuando al deslizarse accidentalmente se golpeó la espina dorsal. El doctor no le daba más de unas semanas de vida, pero ella logró sobrevivir sin necesidad de operaciones ni tratamientos modernos, simplemente descansando y comiendo poco.
Ella no habla mucho, pero cuando lo hace es muy alegre y chistosa. Hay que hablarle fuerte para que escuche y responde de forma pausada, con voz cansada.
"Mi marido era un hombre maravilloso, muy trabajador, sin vicios. Tuve cinco hijos. Todos eran de él", dice Secundina al preguntarle qué ha sido lo mejor y más importante en su vida. "Mi marido tenía buen cuerpo. Sí, tenía buen cuerpo", repite la anciana, quien ahora vive de los recuerdos.
En su mente, José Guadalupe Guzmán, el padre de sus hijos y el amor de su vida, murió hace tres años, aunque fue en 1978.
"Yo le extraño mucho. Era muy buen hombre, jamás conocí a otro como él", manifestó la viejita.
La vida de Secundina no fue fácil. Ella y José Guadalupe tuvieron que trabajar mucho para educar a sus hijos. Ella trabajaba en la costura y vendía manteles, capas y colchas en el mercado local de Valle de Guadalupe, Jalisco.
"Mi vida era trabajar, mi marido y mis hijos. Yo a todos mis hijos les enseñé a trabajar, a ganarse la vida", señaló Secundina.
El mayor de sus hijos, Rafael, al igual que el padre, murió de neumonía hace unos años. Si estuviera vivo tendría 75 años de edad. Teresa, de 70 años, vive en México; Lila tiene 66 años, y el menor de los hijos, Jesús, tiene 64, comentó María Socorro, de 68 años de edad.
Ella camina poco, con ayuda de una andadera y bromea diciendo que la pongan en la banqueta y que se va a ir caminando a su natal Jalisco.
María Socorro Padilla, hija de la pareja y quien cuida de Secunda, dice muy orgullosa que su madre se alimenta bien, además que siempre está de muy espíritu.
"Por las mañanas le cocino unas gorditas con mantequilla y chile. Le gusta el pozole, el mole, los tamales. Ella come muy bien y de todo. Siempre fue delgada, pero después del accidente del año pasado quedó bien flaquita", dijo María Socorro.
Los descendientes directos de Secundina son 25 nietos, 30 bisnietos y un tataranieto, y aunque ella no los conoce a todos, se siente feliz de que quienes puedan asistan a su fiesta de cumpleaños.
"¿Y él, como se llama? ¿De quién es hijo?", preguntaba Secundina cuando sus descendientes se acercaban a desearle feliz cumpleaños.
"Sí, feliz cumpleaños, gracias", repetía a la anciana.









