La Convención Nacional Demócrata fue una fiesta en la cual se forjó la unidad partidaria, tras la histórica nominación presidencial del senador Barack Obama.
El candidato fue más que elocuente en la noche del cierre al presentar su historia, responder a la crítica y desafío de la campaña rival y exponer medidas concretas para implementar su visión. Cabe destacar que Obama puso la elección en perspectiva al afirmar que el proceso electoral no es sobre su persona, sino que los votantes son los protagonistas centrales del presente que se está escribiendo.
Por otra parte se pudo ver que el cambio propuesto no se refiere sólo a remover a la Administración republicana de la Casa Blanca, sino a una transformación más profunda dentro de su mismo partido. La persona de Obama, sus antecedentes y visión abren a los demócratas a un tono bipartidista y más tolerante a los distintos puntos de vista.
El Partido Demócrata salió de Denver energizado, más diverso en colores, ideas y planteamientos. La Convención Nacional lo establece como una indudable opción política para hacer frente de una manera humana y realista a las incertidumbres del siglo XXI.
Las circunstancias de estos tiempos llevaron a Obama a hacer historia como el primer afroamericano en ser candidato presidencial de uno de los partidos políticos más grandes. Él es la persona correcta para este acontecimiento y su nominación muestra la madurez demócrata para ofrecer un representante distinto y nuevo para los momentos difíciles por los que pasa el país. En noviembre, los votantes dirán si aceptan esta oferta.







