En las últimas semanas de la contienda presidencial, el tema de la crisis financiera y crediticia se subió al escenario. Restaurar la salud económica de la nación ocupó la mayor parte del discurso de los candidatos John McCain y Barack Obama. De esta manera, los candidatos, obviamente, respondieron a la preocupación inmediata de los votantes que fueron a las urnas el 4 de noviembre.
Y si se trata de restaurar la salud económica, nos permitimos recordar aquí al Nuevo Presidente el primer principio de los profesionales de la salud: No haga daño. Porque la economía, como un paciente, está ahora frágil, proclive a empeorar con la aplicación de un remedio que se cree apropiado pero verdaderamente es improvisado.
El Nuevo Presidente, como senador, votó a favor del remedio de rescate financiero aprobado por el Congreso en octubre. El remedio recién está circulando en las venas de la economía.
Si la economía como paciente tarda en recobrarse, es tentador para el Nuevo Presidente planear la aplicación de nuevos remedios antes que el primero haya completado su curso. También es tentador para el Nuevo Presidente prometerle a la familia (votantes) del paciente (la economía) que tiene la fórmula rápida para acabar con este mal. No haga daño.
La economía no está en cuidado intensivo; los que necesitan tener cuidado son los políticos; precipitarse a una supuesta cura puede atosigar las venas sanas de toda la actividad comercial y de consumo que es el corazón de esta nación.
No haga daño. El Nuevo Presidente, hasta donde puede constitucionalmente restaurar la salud de la economía, tiene que escuchar los diferentes diagnósticos del Congreso, de la mayoría y de la minoría: en algún punto intermedio hallará el consenso sobre cuál es el mejor remedio.
El Nuevo Presidente —o cualquier Presidente anterior— no es el comandante en jefe económico. La gente empresaria y trabajadora está al mando. Y ellos no quieren que se haga daño.
En las últimas semanas de la contienda presidencial, el tema de la crisis financiera y crediticia se subió al escenario. Restaurar la salud económica de la nación ocupó la mayor parte del discurso de los candidatos John McCain y Barack Obama. De esta manera, los candidatos, obviamente, respondieron a la preocupación inmediata de los votantes que fueron a las urnas el 4 de noviembre.
Y si se trata de restaurar la salud económica, nos permitimos recordar aquí al Nuevo Presidente el primer principio de los profesionales de la salud: No haga daño. Porque la economía, como un paciente, está ahora frágil, proclive a empeorar con la aplicación de un remedio que se cree apropiado pero verdaderamente es improvisado.
El Nuevo Presidente, como senador, votó a favor del remedio de rescate financiero aprobado por el Congreso en octubre. El remedio recién está circulando en las venas de la economía.
Si la economía como paciente tarda en recobrarse, es tentador para el Nuevo Presidente planear la aplicación de nuevos remedios antes que el primero haya completado su curso. También es tentador para el Nuevo Presidente prometerle a la familia (votantes) del paciente (la economía) que tiene la fórmula rápida para acabar con este mal. No haga daño.
La economía no está en cuidado intensivo; los que necesitan tener cuidado son los políticos; precipitarse a una supuesta cura puede atosigar las venas sanas de toda la actividad comercial y de consumo que es el corazón de esta nación.
No haga daño. El Nuevo Presidente, hasta donde puede constitucionalmente restaurar la salud de la economía, tiene que escuchar los diferentes diagnósticos del Congreso, de la mayoría y de la minoría: en algún punto intermedio hallará el consenso sobre cuál es el mejor remedio.