PEDRO PULGARESPECIAL PARA NEGOCIOS
Pedro Pulgar
Especial para Negocios
Irak ha sido noticia esta semana y el contenido difiere mucho de las decenas de muertos, atentados suicidas y sabotajes tan habituales en la guerra.
No es que las víctimas hayan desaparecido, ni que la guerra o los sabotajes hayan cesado, eso sí serían buenas nuevas de verdad. La noticia de esta semana no es tan buena, pero sí es un brillante destello dentro de tanto negro nubarrón: Bagdad permitirá la entrada de empresas multinacionales en el negocio petrolífero. Es una buena noticia, aunque llena de incertidumbre y quizás demasiado riesgo, pero a priori es buena.
Irak es la tercera potencia petrolífera en el ámbito mundial en cuanto a reservas probadas se refiere y, sin duda, una normalización en la producción del oro líquido contribuiría a equilibrar el precio del barril de crudo hoy en día por las nubes. Aunque para eso falta un buen trecho.
Trecho no exento de riesgos. Para empezar, los sabotajes en las más de cuatro mil millas de oleoductos que cruzan el país no han remitido. La seguridad sigue siendo la prioridad número uno del país tras cinco años de guerra. Seguridad que no sólo compete a las personas físicas, sino a las entidades jurídicas que son las compañías petroleras. Estas exigen seguridad jurídica y transparencia para volver al país árabe después de 30 años de ausencia.
El Parlamento de Bagdad sigue dividido con la marcada ausencia de los partidos políticos suníes minoritarios. Sigue habiendo discrepancias en cómo repartir los beneficios de la venta de crudo entre el gobierno federal y las 18 provincias que forman el país. Los rifirrafes tienen un marcado carácter regional y sectario, algo que solamente la ley nacional del petróleo podrá resolver. Mientras eso no ocurra, cada uno seguirá por su lado, como de hecho ya hacen los kurdos al norte. La región, relativamente más estable que el resto del país, ya concede contratos de exploración y exportación a empresas extranjeras.
Irak todavía está lejos de los tres millones de barriles diarios que en su día producía. Tecnológicamente, el retraso no ha hecho más que aumentar, y la guerra no ha ayudado precisamente a mejorar el panorama, sino todo lo contrario.
Sin embargo, con los precios actuales en los mercados de futuros del petróleo, el interés de las multinacionales es real, y son estas compañías las que tienen la capacidad de invertir recursos y medios en Irak. A cambio, el Parlamento y el gobierno de Nuri al Maliki han de llegar a un compromiso que garantice el reparto equitativo de la bonanza petrolífera, asegurando que todas las minorías reciban un pedazo del pastel, y este no es pequeño dadas las grandes reservas de oro negro que guarda el subsuelo iraquí.
Hace falta voluntad política y el día que eso se plasme sí que tendremos buenas noticias provenientes de Irak.
Usted dirá.
piterbaraja@yahoo.com






