El Centro Cívico del Este de Los Ángeles en el parque Belvedere es un destino tradicional para visitantes, familias y vecinos de la zona.[FOTO: Jeff Grace/La Opinión]
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El Este de Los Ángeles está de fiesta. Este fin de semana las autoridades del condado encabezaron una serie de eventos para anunciar la expansión y mejora de servicios en el Centro Cívico, particularmente en el área de atención a la salud, en el marco de los más de 150 años de vida del condado de Los Ángeles, fundado en 1858.

La reinauguración del Centro Cívico del Este de Los Ángeles (ELA) como punto de encuentro de la comunidad, ha representado una oportunidad para realizar un balance de los logros y los pendientes en uno de los barrios más famosos y entrañables del Sur de California.

Desde principios del siglo XX, ELA se perfiló como una zona de arribo para inmigrantes. Comunidades rusas, judías, japonesas y mexicanas tuvieron presencia en el área, aunque hacia el final de la Segunda Guerra Mundial la comunidad latina se incrementó de manera notable con la llegada de trabajadores braceros mexicanos. Este rostro mexicoamericano se ha preservado en la zona durante las décadas subsecuentes.

Aunque con frecuencia la gente utiliza el término para referirse a toda el área ubicada del lado este del río Los Ángeles, la zona incorporada que corresponde propiamente a ELA se ubica en 7.45 millas cuadradas delimitadas por Boyle Heights y City Terrace al oeste; por las ciudades de Monterey Park y Montebello al este, y por Commerce al sur.

Esta creencia, la de llamar a toda esa zona "Este de Los Ángeles", se genera por el hecho de que la composición demográfica del área es bastante homogénea. Sin embargo, al momento de ahondar en la prestación de servicios, las diferencias son notorias.

Por ejemplo, entre Boyle Heights y ELA. Quienes viven en el primer vecindario cuentan con servicios que, de acuerdo con los habitantes de la zona, se otorgan con mayor rapidez y eficiencia que los que reciben sus vecinos del Este. Esto se debe a que Boyle Heights depende del gobierno de la ciudad de Los Ángeles, que cuenta con un número telefónico de atención ciudadana (311) y en donde existe la intermediación de concejales para atender los 15 distritos que conforman la ciudad.

En el caso de ELA, por ser un área no incorporada del condado, es decir, no constituida como ciudad, los servicios deben ser provistos por las autoridades del propio condado, que al mismo tiempo debe atender a los más de 10 millones de habitantes que viven en él. ELA corresponde al primer distrito del condado de Los Ángeles, cuya supervisora es Gloria Molina.

"El problema radica en que el condado es tan grande que resulta muy difícil responder eficientemente a los problemas de la comunidad", considera Leonardo Vilchis, presidente de Unión de Vecinos. "Nos ha tocado ver casos de gente que vive en ELA y cuando solicita un servicio la mandan, por ejemplo, a Alhambra".

Esto ha provocado el surgimiento de un movimiento que busca la independencia de ELA y su constitución como ciudad. "No es un asunto de que nos guste o no, sino que es algo que necesitamos", explica Óscar Gonzales, presidente de la Asociación de Residentes del Este de Los Ángeles. "No es que Gloria Molina no esté haciendo un buen trabajo, sino que el condado es demasiado grande para resolver conflictos que son muy locales", añade.

Sin embargo, no todos los sectores coinciden. Líderes empresariales de ELA que trabajan de cerca con las autoridades del condado, consideran que los esfuerzos realizados por la administración en los últimos años, particularmente bajo la batuta de Molina, han rendido frutos tangibles.

Ron Mukai, cuya familia ha vivido ahí durante 60 años y quien hoy dirige una compañía de desarrollo inmobiliario, es uno de los grandes promotores de la inversión en ELA bajo la supervisión del condado.

Cuando se planeó el desarrollo del Centro Cívico, el proyecto incluía la construcción de un centro comercial que detonara el desarrollo económico en la zona, pero que también fuera estético y en el que las personas pudieran sentirse a gusto y recibir servicios de calidad. Un terreno que era propiedad de los Mukai era el sitio ideal para ello.

"Primero pensé en contratar a un urbanizador, pero no entendían el proyecto", explica Mukai. "Querían construir algo barato para rentarlo también barato. No entendían que la comunidad ha dado un giro sociológico, que quieren las mismas cosas que quiere el resto de la gente de EU, y que si no las encuentran aquí, las van a consumir a otra zona".

Una de sus experiencias más frustrantes fue cuando hizo contacto con la cadena Starbucks, entre 2001 y 2003. "Consideraron que nuestra población no era parte de su objetivo y rechazaron la oferta", comenta. La cadena Coffee Bean aceptó y meses más tarde Starbucks llegaba también al Este de Los Ángeles.

"Poco a poco hemos logrado que los inversionistas crean en ELA", dice por su parte Eddie Torres, presidente de la Cámara de Comercio de ELA. "Cuando vieron el Centro Cívico empezaron a creer en la zona, se dieron cuenta de que el condado está dispuesto a invertir en su gente". Sin embargo, añade, se requiere también de la cooperación de los medios de comunicación "para que presenten nuestro rostro real, no sólo lo que ocurre con pandillas o violencia".

En ese rubro, por cierto, el área sale bien librada. Activistas, empresarios, residentes que viven día a día en ELA, coinciden en que la delincuencia ha disminuido, al igual que la actividad de las pandillas.

"Lo que sigue siendo un problema es el grafito y lo poco que cuida la gente las calles", comenta Yolanda Duarte, de 62 años y vecina de la zona. "Vivo muy cerca del bulevar Whittier y hay mucho tránsito por allí; es el rumbo de la escuela y los jóvenes rayan las paredes constantemente. Como son un blanco móvil, es muy difícil aplicar la ley con ellos".

Pero Yolanda sigue en la zona por una razón. "El Este de Los Ángeles es parte de mi cultura. Mi papá tuvo oportunidad de irse de aquí, pero él decía que la gente debe invertir en su comunidad para hacerla mejor, no sólo marcharse", comenta.

Así que si ensucian su calle, Yolanda la limpia, tomando como ejemplo a la propietaria de una pequeña tienda de paredes verdes. "Cada vez que le grafitean, no pasan ni dos horas cuando ella ya volvió a pintar su pared. Eso es amar a tu comunidad y tener el deseo de hacerla cada vez mejor".