Las cadenas de comida rápida que quieran abrir un nuevo restaurante en el sur de Los Ángeles deberán esperar al menos un año para tramitar su permiso, a menos de que el establecimiento se vaya a encontrar dentro de un recinto privado, como los centros comerciales.
De esta manera, el Concejo Municipal quiere empezar a cambiar la cara de los lugares que sirven comida en esta zona de la ciudad, apostando más por los platillos saludables, las frutas y los vegetales en lugar de las hamburguesas y las papas.
Durante este tiempo, que ha sido definido por las autoridades de la ciudad como una "moratoria", el Ayuntamiento quiere brindar la oportunidad a otros negocios para que se asienten en una de las áreas en las que, a comparación con otros barrios, predominan altamente los restaurantes de comida rápida.
"Esto nos va a dar la habilidad de abrir otros restaurantes con otras opciones, o cualquier otro negocio en las calles principales", dijo el concejal Bernard Parks.
La decisión fue adoptada unánimemente por los 12 concejales que ayer estuvieron presentes en el pleno a la hora de la votación.
Sin embargo, la medida ha originado reacciones tanto favorables como adversas entre los detractores de este tipo de alimentos y quienes aseguran sentirse víctimas de la medida.
"Es injusto que los restaurantes de comida rápida sean siempre el blanco y se alegue contra ellos la causa de la obesidad en la población", señaló Andrew Casanna, portavoz de la Asociación de Restaurantes de California. "Lo que nunca se dice es que la industria de la comida rápida también ofrece artículos saludables y que quiere ser parte de la comunidad, además de crear trabajos y generar impuestos".
El 73% de los restaurantes ubicados en las 32 millas cuadradas del sur de Los Ángeles son de comida rápida, mientras que sólo hay cuatro grandes supermercados.
"El sur de Los Ángeles está inundado de restaurantes de comida rápida. Tenemos el índice más alto de diabetes y de obesidad, y estos restaurantes no nos están ayudando a mejorarlo", dijo George Graham, residente de la zona que ayer acudió al Concejo para expresar su opinión.
En esta área, en la que reside medio millón de personas, tres de cada 10 habitantes sufre problemas de obesidad, frente al 19% entre quienes viven en el centro. De ellos, los latinos son los más afectados, seguidos de los afroamericanos, con casi un 29% y 28% respectivamente, según datos del Departamento de Salud del condado de Los Ángeles.
"Esta medida es una herramienta que puede ayudarnos a solventar la crisis que padece Estados Unidos, cuando muchos latinos están obesos porque no se les está proveyendo las oportunidades para elegir otras opciones", apuntó el concejal José Huízar. "Esta ordenanza nos tiene que servir para darle la elección a la gente de comer alimentos saludables, porque hasta ahora no los hemos educado sobre lo que es saludable y lo que no".
Según datos de la ciudad, los residentes del sur de Los Ángeles gastan entre 119 millones y 260 millones de dólares al año para comer en casa y entre 74 millones y 173 millones para almorzar o cenar fuera.
Otro de los problemas que se quieren evitar con este plan es la saturación de vecindarios, luego de que "los restaurantes de comida rápida necesitan mucho espacio y requieren grandes terrenos para los estacionamientos", según el edil Ed Reyes.
"Mi distrito es de apenas 14 millas cuadradas y tiene una densidad muy alta", dijo su homóloga Jan Perry, una de las promotoras de la medida.
Entre quienes están en contra del plan se encuentran también aquellos residentes y dueños de franquicias que ven a este tipo de negocios como una oportunidad excelente para dar trabajo a aquellos jóvenes que han estado encarcelados o que no tienen suficientes cualidades para aplicar por otro trabajo, según Tina Robinson, que desde hace 20 años trabaja en McDonald’s.
Sin embargo, durante la sesión del Concejo de ayer también se escucharon voces de quienes criticaron a estas cadenas por ofrecer trabajos sin promoción y donde resulta muy difícil subir de escalafón.
Mientras tanto, las autoridades de la ciudad han promovido una serie de medidas para incentivar a otros negocios y restaurantes a ubicarse en la zona, luego de que otra de las metas que se pretende es que haya más lugares donde los residentes del sur de Los Ángeles puedan cenar sentados en un restaurante casual sin tener que conducir demasiado.
Entre dichos incentivos se encuentran facilidades para financiar los locales y propiedades, descuentos en las facturas de electricidad, así como ayuda técnica y de planeación.
Estas ayudas estarán únicamente disponibles para aquellas tiendas de alimentos que al menos ocupen un espacio de 12 mil pies cuadrados, los restaurantes que tengan una capacidad para sentar a más de 30 personas y aquellos otros establecimientos que entre sus productos a la venta tengan el equivalente al 80% de frutas y vegetales sobre el espacio del local.
La medida aprobada ayer podrá ser extendida hasta dos veces por un período de seis meses cada una, una vez transcurrido el primer año de la moratoria. Las cadenas o restaurantes que quedarán en espera de conseguir un permiso para abrir un establecimiento nuevo serán aquellas que no ofrezcan servicio de mesa para comer y establezcan menús limitados preparados.








