Sin fronteras
Hay cosas que huelen feo, pero algunas tienen un hedor putrefacto. También hay de pecados a pecados. Según la Iglesia Católica los hay veniales y capitales: esto es, pecados pequeños y muy graves.
Pero hay otros pecados quizá no tan veniales: aquellos que comete la Iglesia contra sí misma y contra la confianza de sus fieles.
En Costa Rica, la prensa puso al descubierto toda una madeja de oscuros manejos financieros en las arcas católicas que iban desde inversiones secretas más allá de las fronteras hasta acciones ilegales para captar fondos de organizaciones religiosas de otras naciones y servir como intermediaria financiera.
Entonces, ya uno no entiende si el papel de la Iglesia Católica sigue siendo el de salvar almas o salvar su emporio económico.
En Costa Rica, que no tiene precisamente la economía más boyante, los jerarcas católicos se dan el lujo de mantener un portafolio de inversiones por 60 millones de dólares y colocarlo en otra nación.
Pero eso parece ser apenas la punta del iceberg. Todos los fondos no aparecen ni siquiera a nombre de entidad alguna de la Iglesia Católica, sino a nombre de una sociedad particular, cuyo único accionista es un empleado de la Iglesia.
Sin embargo, el arzobispo y demás obispos de la llamada Conferencia Episcopal de Costa Rica aseguran que ni siquiera estaban enterados de la existencia de tal sociedad.
El asunto ya se encuentra en los estrados judiciales y estará por verse si Costa Rica, un país donde la religión católica es la oficial del estado —de acuerdo con la Constitución política— es capaz de hundir el bisturí hasta el fondo para arrojar luz en medio de tanta penumbra.
Porque hasta la fecha el Estado costarricense se ha dedicado a consentir a la Iglesia, a facilitarle al clero exoneraciones en la compra de bienes muebles e inmuebles y a aprobarle millonarias partidas para cubrir sus "necesidades".
Hasta le facilitó —y hasta ahora salió a la luz pública— una partida de miles de millones de colones de los impuestos de los contribuyentes para la reparación de sus principales templos.
Y en Costa Rica no importa si usted es católico, evangélico, musulmán, mahometano o ateo. Igual debe contribuir con sus impuestos a la causa de la "Madre Iglesia".
Vaya ironía. Otra buena parte de la fortuna de la Iglesia Católica del país centroamericano está invertida en la Cervecería Costa Rica, la empresa que tiene el monopolio para la fabricación de este tipo de bebidas.
Claro, los jerarcas católicos aseguran que el dinero no se utiliza en la producción de cerveza, sino exclusivamente para refrescos naturales. Juzgue usted.
Si la Iglesia Católica le pide a sus fieles que se sientan apenados ante cualquier "pecado" cometido, yo propongo que sus jerarcas al menos ensayen los sentimientos de culpa y vergüenza ante tales desaguisados.
El caso costarricense es apenas un pequeño reflejo de lo que sucede en el catolicismo mundial.
En EU, la Iglesia tiene invertidos cientos de millones de dólares en el Banco Morgan, Banco Chase Mnahattan , First National , Bank of NewYork, Trust Company y otros.
En una declaración publica en relación con los bonos, la Arquidiócesis de Boston declaró que su capital en los bancos ascendía a más de 635 millones de dólares.
¿Será que a la cúpula del catolicismo se les extravió el versículo bíblico que reza: "¿Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos?".
Ojalá la Iglesia no olvide que, según la ONU, el número de personas con hambre crece a un ritmo de cuatro millones por año y que todavía hay 820 millones de personas desnutridas.
Comentarios a luis.alvarez@laopinion.com







