Ingrid Betancourt volvió a vivir, 14 secuestrados más abrazaron de nuevo la libertad, Colombia festejó, las FARC parecen deshauciadas y el gobierno de Álvaro Uribe logró lo impensable.
El mundo aplaudió un operativo militar perfecto para el rescate de los 15 secuestrados; una figura política como Ingrid vuelve a la escena de Colombia con la idea de que es posible la paz. Uribe vuelve a lograr una victoria, su número cuatro contra las FARC en menos de seis meses. El delirio del pueblo recorre al país, es el mejor momento para la calma y la sensatez. A dos años de terminar su segundo período el Presidente podrá pasar a la historia como un líder que recuperó al país de su postración ante la guerra y que delineó políticas de seguridad y lucha contra los violentos; también hoy más que nunca puede estar tentado a mantenerse en el poder y amenazar la raíz de la democracia: el equilibrio de poder. Las personas son pasajeras, las ideas deben ser las que transiten en el tiempo. Colombia tiene la responsabilidad de actuar con la cabeza de un país en crecimiento y no con la pasión que lleva al desenfreno. Ingrid tiene la oportunidad de liderar ese afán.









