Pero el principio de la elegancia es más elástico que todo esto. Vestir con clase no es una cuestión de disciplina sino de adaptación. Hay unas reglas, pero éstas no sirven para todo el mundo, y una elegancia de mal gusto es peor que la falta de elegancia.
Pongamos por ejemplo el conjunto, el vestidito negro, las perlas y el color beige.
Los conjuntos favorecen más a las figuras delicadas o altas. El vestidito negro es ideal, pero sólo en una fiesta donde todo el mundo llene insípidos tonos pasteles. Las perlas deben ser grandes o pequeñas, pero no de tamaño mediano, y los pendientes (aretes, pantallas) de clip de perlas ribeteadas de oro pertenecen sin duda a "los años ochenta", el beige sienta bien algunas personas.
La elegancia quizá tenga un código, pero el estilo personal lo hace suyo adaptándolo a las circunstancias. Jacqueline Onassis era una de la santa trinidad de la elegancia. Tenía la estructura ósea, la figura y el dinero, pero ante todo, supo resistirse a algunas de las peores modas que las décadas en la que vivió les ofrecían. Nunca se les vio equivocarse respecto a la moda, y el masivo estilo que hizo furor en los años sesenta nunca llegó a contaminar su vestuario. Jamás se puso ningún traje safari, ni botas de gogós de charol ni se maquillo como Verushka.
La elegancia consiste en destacar por ti misma, pero para lograrlo debes conocer tu cuerpo, tu cara y tu verdadera identidad. La postura y el porte hacen que todo lo que te pongas te caiga de maravilla. La elegancia no es una forma de vestir cada día. Vernos obligadas a tener el gusto de no llevar pendientes dorados de aro ni a pintarnos los labios de rojo día tras días sería ¡una verdadera pesadilla! Para mí, la elegancia es una herramienta social, el tipo de elegancia impecable que necesitas para hacer frente a situaciones como entrevistas de trabajo, bodas, un almuerzo o una entrevista.
A continuación el truco de la elegancia consiste en aprenderse los siguientes puntos (reglas) y luego aplicarlos.
La elegancia supone siempre una talla más de la que normalmente usas. Adaptándose sobre tu figura la prenda no debe apretar ni tampoco colgar.
La elegancia no es la ropa que te da un aspecto descuidado o frívolo, sino escultural y decidido.
La elegancia nunca muestra la ropa interior.
La elegancia limita las texturas y los accesorios en un sencillo conjunto.
La elegancia no tiene por qué ser cara: las prendas baratas parecen más elegantes si están planchadas, o cuando sueles hacer algún cambio en ellos. El aspecto es más importante que la etiqueta.
Hablando de etiquetas… exhibir ostentosamente el logotipo de marcas caras no es elegante.
Las mujeres elegantes hacen destacar un artículo en lugar de seis porque la elegancia se encuentra en los detalles.
Reduce los adornos para refinar tu imagen.








