Nueva York
— “¿Lo tiene pequeño?, ¿Quiere durar más tiempo en la cama con su pareja?, ¿Tiene problemas de eyaculación precoz?, ¿Ha perdido el apetito sexual?. No se preocupe, tenemos la solución a sus problemas”. Este es el mensaje que por lo general hace llegar a los consumidores la industria lucrativa que se mueve detrás de la comercialización de productos afrodisiacos descritos como la última panacea para mejorar la vida sexual de las personas.Sin embargo, en el mercado hay sustancias que se venden libremente pero carentes de un registro sanitario o una etiqueta donde se describa la procedencia, su contenido y advertencias de posibles efectos secundarios.
Uno de esos productos clandestinos —vendidos en bodegas, tiendas de objetos sexuales, comercios naturistas, y botánicas según las autoridades— mató en mayo pasado a un residente de Queens.
Conocido como “Piedra”, “Love Stone”, “Black Stone”, “Chinese Rock”, “Jamaican Stone” y a un costo de 10 dólares la unidad, el afrodisiaco clandestino que se cobró la vida del hombre de 35 años contiene activos químicos conocidos como “bufadienolides” que se obtienen de sapos y de plantas. El mismo veneno fue el causante de cuatro muertes y una intoxicación en la década del 90 en Nueva York.
Desde el reciente envenenamiento, las autoridades de salud de la ciudad emitieron un alerta en hospitales y centros médicos para advertir a los pacientes que se abstengan de consumir estos afrodisiacos.
“Cuando alguien compra los productos de venta libre no sabe si son seguros o van a funcionar”, asegura el Dr. Nathan Graber de la Oficina de Prevención de Enfermedades Tóxicas de la ciudad de Nueva York.
“Este afrodisiaco Piedra —en particular— puede ser muy tóxico sea que se lo ingiera o se lo aplique en la piel”, agrega el galeno.
Al referirse a los síntomas que puede causar, el especialista enumera como principales: náusea, vómito, diarrea, mareos, y dolor en el pecho. La sustancia altera el ritmo cardiaco.
Además, la aplicación en las partes íntimas de este tipo de “viagras” fraudulentas también tienden a provocar lesiones en los genitales. Por ejemplo, afrodisiacos hechos a base de la famosa Mosca Española (Spanish Fly) han sido causantes de sangrados e irritación de las partes íntimas.
A pesar de que la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) desde hace varios años cuestionó la reputación de los efectos de los afrodisiacos de mostrador y determinó que no hay pruebas científicas que avalen las funciones de los mismos en el tratamiento de disfunciones sexuales, la gente sigue recurriendo a estos productos.
La compra de afrodisiacos “es muy común dentro de las exigencias populares”, admite el naturista y chamán mexicano José Juárez, propietario de la botánica New Age Store Leecatzin de Nueva Jersey.
Sobre la eficacia que encierran estos “milagrosos productos”, Juárez explica que todo “depende de la creencia, de la fe que la persona ponga en ellos. Tiene que ver con la influencia sicológica”.
El curandero explica que muchas yerbas como la Damiana y raíces —por ejemplo el ginseng— actúan como vasodilatadores y energéticos, que han sido usados tradicionalmente para alcanzar la plenitud sexual.
No obstante, Juárez admite que su uso indebido puede resultar dañino. “ Si una persona tiene presión alta y se le da un estimulante puede darle un paro cardiaco”, dice el naturista tras asentir que lamentablemente hay gente inescrupulosa, sin ética, que por vender un producto puede poner en peligro el bienestar de los clientes. “Uno no puede confiar totalmente. Con la salud no se juega”, expresa.
Como orientador naturista “recomiendo a la gente tener cuidado el sitio donde entra y qué es lo que busca”.
Y es que la búsqueda del placer no es nada nuevo. Desde tiempos inmemoriales la gente ha recurrido a pócimas, comidas, frutas, alimentos del mar, fragancias, etc, como vías para estimular y alcanzar la satisfacción sexual.
El sexólogo dominicano Carlos Maldonado recuerda que por algo la palabra afrodisiaco tiene su origen en la mitología griega que tenía como Diosa del Amor a Afrodita. “Se le decía afrodisiaco a todo aquello que provocara erección o estimulara el deseo”, manifiesta.
No obstante, el experto de la clínica Ambar en el Alto Manhattan, aclara que nada conocido como “afrodisiaco está aprobado por la FDA”, y explica que en la mayoría de los casos lo que se produce es un efecto placebo. Es decir que el componente sicológico juega un rol fundamental.
Según el terapista sexual, más del 50% de los hombres han tenido alguna vez un problema de eyaculación precoz. “Algunos lo superan otros no”, pero la incidencia de las disfunciones sexuales es “más alta en las mujeres” por la frigidez y falta de orgasmo.
Se estima que a nivel mundial 140 millones de hombres tienen problemas de erección.
Dependiendo de la disfunción sexual —la mayoría de los casos motivados por alguna situación de orden sicológico— lo más aconsejable es buscar a un especialista, recomienda Maldonado.
“La gente tiene que educarse y hablar con su pareja y su médico —aconseja el experto— no es posible que se dejen llevar por un buen mercadeo de estos productos”.
Cifras mencionadas en un documento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo del año 2000 reveló que la industria de los remedios herbales en general había generado 60,000 mil millones de dólares a nivel mundial.
Simón Arteta, quien a raíz de un accidente padeció de disfunción eréctil durante más de dos años, ni siquiera confía en los estimulantes aprobados como es el caso de la viagra. “Yo creo que todo está en la mente”. “Tomé tres tipos de medicamentos para la erección y ninguno me funcionó”.
“Poco a poco fui dejando esas pastillas y al final —dice muy convencido— me di cuenta de que estaba muy estresado. Regresé al gimnasio, me relajé, dormí mejor y hoy gozo de una buena relación sexual con mi esposa”.
Aunque en la sique popular existen creencias muy arraigadas sobre brebajes, cápsulas y ungüentos milagrosos para la virilidad y el placer es mejor pre- venir que lamentar. No en vano el médico estadounidense John Renner, fundador del Consumer Health Information Research Institute (CHIRI), dijo en su momento: “No existe afrodisiaco más potente que la mente”.
Carmen.villavicencio@eldiariony.com
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