PEDRO PULGARESPECIAL PARA NEGOCIOS
Pedro Pulgar
Especial para Negocios
Los Juegos Olímpicos de Beijing han servido como catalizador de numerosos artículos con China en el punto de mira.
"El milagro económico" del "Gigante Dormido" es una frase recurrente para explicar un auge económico con escasos parangones en el mundo — acaso India—, ya que ambos colosos asiáticos sean los más citados responsables del aumento en el consumo de petróleo y su consiguiente carestía.
En cierto modo la economía de ambos países es el resultado del sometimiento comercial británico del siglo XIX, pero con al menos una diferencia crucial: el Imperio Británico, consciente del enorme territorio chino, nunca se propuso colonizar el país.
En 1978 Deng Xiao Pin inició las reformas por la imposibilidad de continuar con la ortodoxia maoísta. Desde entonces no han parado, y la creencia de que China será entre 2020 y 2025 la mayor economía mundial es unánime entre analistas y expertos de prestigio. Sin ir más lejos, del discurso del secretario del Tesoro Henry Paulson Jr. se desprende que el interés estadounidense pasa por la apertura del mercado chino. Tanto así que hoy en día China no se puede entender sin EEUU ni viceversa. Para entendernos, Wen Jiabao, primer ministro chino, en los próximos años será tan importante como Obama o McCain.
En realidad nada de esto es nuevo. Muy bien podría decirse que "China está de vuelta".
Los chinos ya saben lo que es ocupar el primer puesto en el podio de la innovación. Ahí están los ejemplos de la fina manufactura de porcelana, las ricas confecciones de seda o inventos como la pólvora, la imprenta, la brújula o el papel. Hoy Yao Ming hace las delicias de los espectadores en las canchas de la Asociación Nacional de Basquetbol (NBA).
En la perspectiva histórica que va desde los inventos citados, pasando por las guerras del opio y los Boxer, el dominio comercial británico del siglo XIX, los conflictos con Japón en el XX y la China de hoy, hay un elemento en común: el confucionismo.
El confucionismo no es una religión, sino más bien una moral, una doctrina, una manera de entender y organizar la vida con 2,500 años a sus espaldas. Es así como el Partido Comunista Chino (PCC) —pese a haber disminuido del 80% al 35% su presencia en la economía en tan sólo una década— mantiene el control interno del país.
Los empresarios e inversionistas estrechan lazos con los miembros del PCC con derecho a voto, casi 75 millones de personas, algo que interesa al mismo PCC al controlar los sectores críticos con grandes empresas responsables de los mayores flujos de dinero. Un incipiente liberalismo económico va ganando terreno en la sociedad.
Los problemas por resolver son muchos y muy críticos, empezando por la salud y el medio ambiente. Pero si alguien piensa que el gigante sigue dormido, más vale que piense otra vez.
Usted dirá.
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